Chainsaw Man el cuerpo como único lugar de posibilidad del sujeto
Chainsaw Man es un anime de acción con peleas estéticas sublimemente orquestadas en un ambiente noir cuyas escenas, en múltiples ocasiones, se acercan al terror gore. Su animación presenta claramente La matanza de Texas, Sadako vs Kayako y Tarantino como principales referencias formales y narrativas. Sin embargo, esta pieza audiovisual contiene una delicadeza y sencillez poco comunes para el genero que le intentan encasillar.
La elección de Chainsaw Man como obra de análisis constitutiva de la serie Pensamiento Animado Contemporáneo no es arbitraria. Aunque a simple vista no se presente como los demás animes seleccionados, su gesto es profundamente filosófico ya que se posiciona en lo más básico y primario que tiene el ser humano: su propio cuerpo.
Chainsaw Man no es un tratado sobre la ética y mucho menos tensiona lecturas de mundos posibles. Es más escueta y, por lo tanto, más precisa. Aquí no hay discursos ni metafísica y sí urgencia. Es un relato que nos recuerda que en el principio no era el verbo sino uno mismo y que más allá de cualquier palabra, simbolización o narrativa hay hambre, deseo y carne.
A nivel de historia la narración empieza con una puesta en escena neorrealista, aparentemente sencilla, donde un joven desproveído de recursos económicos intenta existir en un mundo que parece no querer dejarle hacerse un hueco. El personaje principal, Denji, es un niño huérfano cuya madre se muere por un problema de corazón, condición que él a su vez hereda, y del cual el padre supuestamente se desvive por una deuda de 700.000 yenes, debito económico que también hace parte de su herencia familiar.
La posición de Denji es, entonces, de déficit absoluto ya que no tiene dinero, familia, estatus social, posibilidad de acceder al poder o capacidad de agencia. Él no existe como hijo, padre, hermano, novio, alumno, amigo, colega o empleado. Su presencia no se da por ninguna simbolización o narración más allá de su propia materia. En resumidas cuentas, él no carga con nada que no sea su propio cuerpo.
Su existencia no es una construcción social sino una condición lógica por poseer este cuerpo. Tal premisa, la del cuerpo como lugar de posibilidad del sujeto, no se encuentra solo en la figura de Denji y es el principal motor estructural de toda la obra. Todos los contratos entre humanos y demonios pasan por intercambiar algo corpóreo por poder o por capacidad de acción.
Desde este lugar, Chainsaw man despliega su universo. Nos presenta un mundo cuya premisa se basa en la existencia material como posibilidad de poder, debido a que los demonios son la materialización directa del sentimiento humano del miedo. La existencia de esos entes no depende de permiso, mediación, reconocimiento, legitimidad o intervención, sino que aparecen como condición ontológica de dicho universo. Su presencia obliga al mundo a organizarse en torno a ellos.
El funcionamiento estructural del universo de Chainsaw Man
El miedo es la única fuerza en este mundo que produce efectos reales sin pasar por ninguna institución u organización. Su conversión en una entidad que tiene forma física y capacidad de actuar en la realidad compartida es automática, es decir, el poder es origen y no un subproducto de las relaciones del sistema.
Los demonios no dependen de la voluntad, ni de la organización y aún menos de los intereses de alguien. Tampoco son fruto del dinero, de la autoridad ,el prestigio o la ley. Son una condición encarnada, el miedo hecho cuerpo.
La relación estructural es clara, cuanto más miedo provoca algo más fuerte es el demonio que produce y este, una vez existe, puede operar en el mundo de manera directa y voluntaria, independientemente del funcionamiento de la sociedad humana. Siendo así, los humanos, aunque produzcan la condición del poder, no lo poseen directamente. Están puestos en un mundo donde el poder tiene agencia propia y no puede ser eliminado puesto que su origen es inseparable de su propia existencia.
Por esta razón, las opciones humanas muchas veces son escasas y muchos se encuentran en una situación en la cual o son víctimas pasivas sin casi ningún poder estructural o intentan escapar a esta posición inicial canalizando poder demoniaco.
El proceso de obtención de poder se da bajo un intercambio con esos seres donde la moneda aceptada es el cuerpo ya que un ser ontológico no encuentra valor en nada simbólico. En otras palabras, el dinero, la ideología, el poder jerárquico o la fama no configuran una forma de pago aceptable para el demonio. Él solo acepta realidad como pago y esto, solo puede dar algo encarnado.
En este escenario las instituciones son un intermediario útil que organiza la relación humana con el demonio convirtiendo así un poder caótico en una fuente estable de beneficio. Es una conveniencia estructural que acoge y mantiene bajo control a una estrategia de supervivencia ya que el sujeto, mayoritariamente, no accede al trato desde la libertad absoluta de elección.
El individuo para acceder al contrato puede pagar con sus órganos, años de vida, sentidos, uso y disfrute permanente del cuerpo o muerte futura garantizada. En Chainsaw Man el cuerpo no es solo donde uno habita sino una herramienta, un recurso de cambio, el primer lugar de posibilidad existencial del sujeto. Es decir, el pago contractual es donde ser sujeto equivale a su potencial estructural de intercambio.
Denji y Conchita como punto de tensión del universo de Chainsaw Man
Denji, como ya anteriormente mencionado, es un ser cuya existencia está garantizada por su cuerpo. No obstante, su materialidad física no es suficiente para provocar su existencia social puesto que él no posee nada que las instituciones sepan convertir en valor directo. Igualmente, el poder real no está en manos de las instituciones y su sistema. Tal noción es ejemplificada en el acuerdo que hacen Denji y Pochita. Por esa razón Denji es tan peligroso, su simple existencia revela aquello que el sistema organizacional institucionalizado intenta tapar.
Para entender tal mecanismo es importante hacer hincapié que la falta de potencial de inscripción sistemática que sufre Denji está impuesta por las reglas de entrada del sistema en este mundo y no por el funcionamiento ontológico de su universo. Tales reglas le empurran a Denji al único punto de contacto con alguna estructura social que pueda permitir su sobrevivencia, la deuda heredada con los Yakuza. Es decir, su conexión con el mundo está garantizada por su único capital que el sistema humano artificial entiende como real, el interés de los Yakuza en cobrar esta deuda.
Tal débito, además de que no existe formalmente más allá del discurso de la propia mafia, asciende a los 38 millones de yenes en un corto espacio de tiempo obligando a una relación que, más que de esclavitud, se da bajo la extracción abusiva.
Cabe resaltar que los acuerdos presentan reglas claras y son una tecnología que surge como herramienta funcional del contexto y, como todo contrato, explicito o no, debe existir algo valioso a intercambiar. En ausencia de recursos validados, no hay negocio. Además, los contratos se cumplen no por respeto o integridad sino porque ambas partes poseen poder coercitivo real. Si alguna partes es débil, el contrato es papel mojado.
En resumidas cuentas, no es un sistema regido por valores humanos y ni siquiera por principios éticos o morales sino por el poder estructural de intercambios contractuales. La ausencia de posición estructural no solo produce malos contratos sino explotación unilateral ya que su incumplimiento por la parte beneficiada no tiene consecuencias reales. Por esta razón, Denji, aunque tenga algo valioso para intercambiar, termina por ser coaccionado y estafado por los Yakuza.
Además, Denji es un tipo de héroe que la narrativa clásica desconoce debido a que su figura no encarna la construcción de un relato épico. Él no quiere poder, no quiere fama, no quiere ser símbolo, ni lucha por una causa, no busca ser mártir, ni superarse a sí mismo o desarrollarse personalmente, sino que quiere algo mucho más básico y digno. Sus necesidades son un techo, comida caliente, pertenecer a un conjunto de iguales y recibir afecto. Él quiere lo que quiere un cuerpo: vivir.
Este deseo tan básico, instintivo y primario es lo que le conecta a Pochita, el demonio de la motosierra. Pochita no le pide a Denji un trozo de su cuerpo como moneda de intercambio, al revés, le da un trozo de cuerpo, su corazón. Su relación pone en jeque toda la estructura de poder institucional del universo de Chainsaw Man.
Desde la lógica del sistema humano social, Denji aparece como resultado obvio de una sociedad que no tiene espacio para el mito. Un mundo sin capacidad simbólica donde todo es producción. En las instituciones no hay humanidad en el relato contractual. Las musas les han abandonado ya que minemonosine no está. Denji no tiene familia, ni red, ni recursos y, después de la fusión con Pochita, ni siquiera un cuerpo integralmente humano. Sobrevive porque el sistema ahora puede absorber su cuerpo-máquina para generar beneficios para su propio matenimiento.
Makima y el sistema institucional no le ven como un ser y si como una pieza, una herramienta. Quizás lo terrorífico y lo gore en Chainsaw Man no sean sus peleas sino el apunte de que el sujeto se encuentra más allá de cualquier construcción discursiva. Denji y Pochita nos recuerdan que el cuerpo no es simple soporte, una moneda de cambio o una herramienta puesta al uso del lenguaje, sino el único lugar de posibilidad existencial del sujeto.
Nos volveremos a encontrar en los demás capítulos de serie:
#5 SonnyBoy y los limites del mundo como lugar compartido
#2 Animación, Pensamiento y Anime
#3 JuJutsu Kaisen como narrativa contemporánea de la ética de la responsabilidad
#4 Chainsawman el cuerpo como lugar de posibilidad del sujeto